Durante la Edad Media, la composición musical no era propiamente una profesión, sino más bien una actividad complementaria de algunos miembros activos de una gran iglesia o un monasterio.
Durante el Renacimiento, la creciente complejidad técnica de la polifonía exigía un cierto número de profesionales. Obispos y príncipes deseaban contar con la presencia estable de músicos bien preparados y les pagaban generosamente. Así se crearon en grandes iglesias, catedrales y cortes las llamadas «capillas musicales», formadas por un cierto número de cantores expertos presididos por el maestro de capilla, cargo reservado a los cantores en posesión de las nuevas técnicas y capaces de enseñarlas a los miembros más jóvenes del coro.
Los mejores músicos se movían de una capilla a otra, atraídos por las ventajas económicas o por el atractivo de la experiencia artística que se les proponía. Surgieron las primeras figuras internacionales de la música. Sin embargo el compositor se consideraba un artesano pues la música será solo la compuesta para una ocasión determinada, el compositor componía siempre música «nueva», sin esperanzas de perdurar.
miércoles, 7 de enero de 2009
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